martes, 14 de febrero de 2017

EL RADICALISMO TAURINO O DE QUE LOS HAY, LOS HAY!


Dueño de la verdad absoluta, el aficionado taurino de sofá utiliza el espacio de las redes sociales para dar cátedra respecto a la lidia de reses bravas y en su afán de protagonismo efímero, se da a la tarea de no solamente criticar sino denostar la opinión de otros aficionados llegando en ocasiones hasta a proferir insultos en contra de aquellos que simplemente no comparten sus puntos de vista.

Y como estos buenos aficionados de sofá, que suelen seguir las incidencias del espectáculo a través de la televisión o del internet tienen un grupo de seguidores (coberos de sofá también), crean grupos de desinformados que le caen con todo a un torero, al juéz de plaza, al ganadero o a quien se deje y a veces sin un sustento real en sus valoraciones.

Tratan de ignorantes a los demás, porque es más fácil la descalificación que apoyar sus proclamas y publicaciones con fundamentos reales.

Y es aquí donde el asunto se torna peligroso: porque resulta que estas posiciones radicales han confrontado en varias ocasiones a los aficionados a la fiesta brava más aún que en contra de los anti-taurinos.

Basta dar un paseo por twitter para encontrarse con un rosario de amargura y frustración: unos, apostando al toreo de antaño para criticar fuertemente al de hogaño por la técnica, por la expresión en la ejecución de las suertes y una de las cuestiones más criticadas y debatidas: el famoso pico de la muleta.

Que si la bravura, que si el trapío, que los encastes, que si un torero no le pudo al ganado, que no debió haber regalado un séptimo cajón, que la estocada estuvo defectuosa, que si el juéz se comió la segunda oreja, que el toro no era de indulto, etcétera, etcétera, etcétera...

Ay, ay , ay, por desgracia un largo etcétera de lamentaciones ingenuas que no hacen sino confrontar las facciones en uno y otro sentido.

Es con todo respeto como decía nuestro buen amigo Rafaél Herrerías: "ningún chile les embona".

A estos aficionados de sofá y de redes sociales les asiste la inútil sinrazón de querer cambiar al mundo en un espacio para 140 caractéres.

Y luego, esa lucha interminable de aquellos que toman el estandarte de la tauromaquia y adoptan una postura recalcitrante ya no de un taurinismo culto e informado, sino de una encarnizada batalla con los anti-taurinos y animalistas o hasta con los veganos.

Cierto, muchos de estos anti-taurinos carecen de información respecto a la fiesta brava y muchos de ellos ni siquiera están interesados en abordar el tema, no les interesa, les importa un bledo!.

A muchos de ellos lo que les motiva no es un debate enriquecedor de ideas abiertas y expresiones civilizadas, sino entrar en confrontación usando un lenguaje de pelea callejera, de insultos y de descalificaciones que terminan como empezaron: en nada.

Pero allí estarán los "buenos taurinos", para recoger el pañuelo y darles una bofetada y de paso "hacerles el caldo gordo" respondiendo a las agresiones con más agresiones.

Que no ven que lo mejor que podemos hacer es ingnorarlos, dejar que utilicen las redes sociales y las inunden con su veneno, su intolerancia, su insidia, su pre-potencia, sus burlas falaces sin prestarles atención?

Por el contrario, les plantamos cara (dudo que esto pueda ser factible a través de un ordenador o un movil), pero les ofrecemos pelea, una inútil pelea que no conduce a nada: ni los antis dejarán de tocarnos las narices, ni los taurinos jamás habrán de convencer a estos distraidos de lo contrario, aunque naufraguen en las aguas de la inopia.

Pero la posición de muchos llamados taurinos es una actitud radicalizada y sin sustentos reales, es decir, el propósito de defender la fiesta brava se prostituyó, se convirtió en una especie de reyerta de burdel que inunda a las redes en el ciber-espácio.

Por fortuna, algunas cuentas de portales serios, de taurinos cultos y de personalidades del mundo del periodismo se dedican simplemente a informar, a dar cuenta del acontecer taurino, de los resultados de las corridas, de tertulias, exposiciones de arte, de conferencias festivales tientas y otros eventos.

Me he hecho el propósito de enmendar ciertos errores como usuario de las redes y si bien no tengo nada positivo que contar o compartir, pues, para qué vomitar veneno?

Creo yo que mis seguidores y hasta mis detractores, habrán de agradecerme el guardar un respetuoso silencio.

Dejé de seguir a algunos tuiteros a los que terminé alucinando por su despotismo, su arrogancia y su afán protagonista, esos "dueños de la verdad absoluta", de los que han hecho de los insultos y agresiones su lenguaje, de los que créen que el desarrollo de la fiesta brava debería regirse bajo su decreto.

La fiesta brava necesita un aire fresco de renovación, dejar atrás vicios y deshacerse de todo aquello que estorba o no lleva a nada bueno.

Poco a poco estos tuiteros taurinos de sofá (que por cierto cuentan con un nutrido número de seguidores desinformados), se irán quedando solos, solos con su arrogancia, con su protagonismo de feria, para al final darse cuenta, que su despropósito quedó ahí, encerrado en 140 caracteres.


Hoy más que nuca hay que sumar, consignar hechos vergonzosos si, pero desde una perspectiva con ánimo crítico y constructivo, con apego al respeto para demostrar que los taurinos no somos esos salvajes que los antis pretenden dibujar y que tampoco somos unos ignorantes, no!.

Ser vegano es un estilo de vida, como ser gay, como ser hipster, ser vegano no es un crimen.

Ser animalista tampoco es un crimen, de hecho celebro que existan organizaciones como Green Peace que protegen a las especies en peligro de extinción.

Celebro también que existan personas que amen a los perros y les prodiguen cuidados.

Si quieren tratar a sus mascotas como personas, allá ellos y sus vacíos existenciales.

La fórmula para una sana y mejor convivencia entre los seres humanos será siempre el respeto por los gustos y aficiones de los demás mientras estos gustos y aficiones no atenten contra los derechos de otros individuos.

Pero a veces, no es a los anti-taurinos a los que temo.

Tristemente es de algunos mal llamados taurinos de los que me he tenido que cuidar!

Tsssss!

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